En breve

El encuentro mostró cómo la inteligencia artificial está entrando de verdad en las oficinas municipales: en la forma de trabajar, en los servicios a la ciudadanía, en la planificación. Las tres cuestiones que me llevo: la escuela y la universidad todavía no están preparadas para esta transformación; nadie sabe prever con seguridad cómo será el trabajo dentro de pocos años; y hace falta claridad sobre lo que la IA hace mejor que nosotros y lo que sigue siendo una responsabilidad humana.

Arquitectos del futuro: IA y gobierno local, Quartu Sant'Elena, 28 de octubre de 2026

De qué se habló

El tema central era concreto: cómo la IA ya está cambiando el trabajo dentro de un ayuntamiento y en la administración pública. No como un escenario lejano, sino como una dinámica operativa que afecta a la forma de trabajar de las oficinas, a los servicios que se ofrecen a la ciudadanía y a la planificación institucional del territorio.

Un encuentro así, con la administración presente, ya dice algo: el gobierno local ha entendido que no puede quedarse mirando. La cuestión es cómo prepararse.

1. La escuela y la universidad no están preparadas para los retos de la IA

Lo digo como docente titular desde 1992: el sistema escolar y universitario todavía no está a la altura de lo que está pasando. No por falta de gente capaz, sino porque los programas, los tiempos y sobre todo la forma de evaluar se pensaron para un mundo en el que escribir un resumen o una redacción llevaba horas. Hoy una IA lo hace en segundos.

Intenté medirlo. En un experimento hice que cinco IA distintas corrigieran 50 veces la misma redacción: las notas fueron de 6,5 a 8,5, y con una sola frase oculta en el texto 10 correcciones de 25 se convirtieron en un 10. Si la herramienta es tan inestable, hacen falta docentes y estudiantes capaces de reconocerlo. Hoy esta formación depende casi siempre de la buena voluntad de cada uno.

Y hay un vínculo directo con los ayuntamientos: los funcionarios que mañana usarán la IA en las oficinas salen de esa escuela y de esa universidad. La norma va en la misma dirección: el artículo 4 de la Ley de IA, tras el Digital Omnibus, pide a quien usa sistemas de IA adoptar medidas para apoyar la alfabetización de su personal. Escuelas y administraciones están de lleno en ello.

2. Los escenarios futuros son difíciles de prever

La segunda cuestión es la más incómoda: nadie sabe de verdad cómo será el trabajo, público o privado, dentro de cinco años. Quien dice saberlo con certeza está vendiendo algo.

Lo veo a pequeña escala. En seis meses construí un sistema de automatización que hoy funciona cada día, y mientras tanto algunas de las herramientas que usaba han cambiado, han sido superadas o han cambiado sus reglas. Las herramientas envejecen en meses, no en años.

Para una administración local esto tiene una consecuencia práctica: mejor decisiones pequeñas y reversibles que grandes proyectos a diez años atados a un solo proveedor. Se empieza por una oficina y una tarea repetitiva, se mide, se corrige. Y se enseña a las personas el método, no el botón del programa de turno: el botón cambiará, el método queda.

3. Las capacidades de la IA y las capacidades humanas

La tercera cuestión es la que más me hizo pensar: qué hace mejor la IA y qué nos queda a nosotros. Intento decirlo de forma sencilla, a partir de lo que veo cada día.

  • La IA es más rápida que nosotros leyendo grandes cantidades de texto, resumiendo, traduciendo, escribiendo un primer borrador, clasificando solicitudes. En una oficina pública, donde la burocracia está hecha de documentos, es una ayuda enorme.
  • Pero la IA se equivoca con seguridad. Puede inventarse una referencia normativa con el mismo tono con el que cita una real. No sabe cuándo no sabe.
  • La IA no responde de las decisiones. Un acto, una denegación, una clasificación tienen consecuencias para personas reales. La responsabilidad es de quien firma.
  • Sigue siendo humano el juicio sobre el caso concreto, la escucha de un ciudadano en dificultad, el conocimiento del territorio, la capacidad de decir «aquí la regla no basta».
La regla que recomiendo a escuelas, empresas y oficinas es siempre la misma: la IA prepara, una persona revisa y decide.

Visto así, la IA no le quita valor al trabajo humano: lo desplaza. Menos tiempo en trámites repetitivos, más tiempo en revisión, relación y casos difíciles. Pero solo si las personas están formadas para hacerlo, y volvemos al primer punto.

Lo que me llevo

El título del encuentro era «Arquitectos del futuro». Me gustó, porque un arquitecto no predice el futuro: lo diseña, con los materiales que tiene y sabiendo que tendrá que adaptarse. Para escuelas y ayuntamientos vale lo mismo. No hace falta adivinar cómo será la IA dentro de diez años; hace falta formar hoy a las personas que tendrán que usarla con criterio.

Da gusto que se hable de ello aquí, en Cerdeña, y con las instituciones en la sala. El siguiente paso es pasar de las salas de conferencias a las oficinas y a las aulas.

Preguntas frecuentes

¿Puede un ayuntamiento usar inteligencia artificial en sus oficinas? Sí, y muchos ya han empezado: resúmenes de documentos, primeros borradores de actos y respuestas, clasificación de las solicitudes ciudadanas. La regla que recomiendo es que la IA prepare y una persona revise y decida, porque la responsabilidad de un acto siempre es de quien lo firma.

¿Por dónde debe empezar una administración local con la IA? Por la formación de las personas, antes que por las herramientas. La Ley de IA europea pide a quien usa sistemas de IA adoptar medidas para apoyar la alfabetización de su personal. Después conviene empezar por una oficina y una tarea repetitiva, medir el resultado y solo entonces ampliar.

¿La IA sustituirá a los empleados públicos? Nadie puede decirlo con certeza. Hoy la IA es muy rápida leyendo, resumiendo y redactando borradores, pero se equivoca con seguridad y no responde de las decisiones. Cambiará sobre todo la forma de trabajar: menos tiempo en trámites repetitivos, más tiempo en revisión, escucha y casos difíciles.